Querer ocultar lo que sentía me llevo a tomar esta decisión
QUERER
OCULTAR LO QUE SENTÍA ME LLEVÓ A TOMAR ESTA DECISIÓN
Por
Valentina La Rotta Velásquez
Agosto
2026
En una casa antigua de Chapinero,
en Bogotá, con mucho frío al atardecer, como siempre, sumida en el dolor físico
de dieciséis o diecisiete agujas entrando y rompiendo las capas de mi piel,
mientras una cantidad de tinta potencialmente peligrosa invade mi cuerpo y deja
una cicatriz que no se borrará, me pregunto:
¿En qué momento tomé esta decisión?
¿Por qué soportar tal tortura en pleno siglo XXI? ¿Acaso estoy pagando por mis
errores y los de mis antepasados? ¿Lograré alcanzar la imagen que deseo? Y lo
más preocupante:
¿Para quién quiero verme de esta
manera?
He atravesado los años más oscuros
de mi vida mientras intentaba definir mi identidad. Tomé pésimas decisiones
desde los dieciséis años hasta hoy, influenciada por una sociedad
superconsumista y patriarcal, con una narcocultura en auge, en la que la imagen
física determina parte del éxito plástico que puedes conseguir. Estaba saturada
de muchos modelos a seguir pero sin significados trascendentales. Siempre
rompiendo con los patrones de lo “Normal”.
Hace cuatro años comenzó el cover
up y diseño de mi brazo en estilo japonés tradicional o Irezumi. En total serán
quizá siete sesiones, de al menos unas seis horas cada una de dolor sin parar,
hasta ahora llevo dos. El objetivo es tapar unos tatuajes viejos de mi época
más violenta e incontrolable, en la que pensaba que si no demostraba rudeza,
algo malo me podía ocurrir. Un mecanismo de defensa problemático que me hacía
parecer menos vulnerable, menos femenina a los ojos de los violentadores.
Escogí un estilo que rompe con la
tradición occidental. En contraste, la tradición oriental glorifica la
importancia de la naturaleza en nuestras vidas y también habla del valor y de
la resistencia humana necesaria para amar y defender aquello que es importante,
no la imagen, no el qué dirán, no los productos ni las marcas, no el dinero que
no se puede comer, sino la vida misma, el cuerpo y la mente como medio para
evolucionar y demostrar que sí es posible amar sin límite.
Me veo a mí misma viviendo un
proceso de deshumanización a través del ritual del dolor como experiencia
traumática que te presiona física, mental y emocionalmente a reevaluar tus
límites y tus creencias. ¿Cuánto puede soportar un ser humano para conseguir lo
que desea? ¿Cuánto dolor es capaz de soportar para llevar a cabo sus
decisiones/caprichos? ¿Hay en el dolor una forma de conseguir algo de
merecimiento?
Recordé cómo el ganado es marcado,
aunque ellos no pueden opinar; en cambio,
tú solo recibes recomendaciones básicas. Nadie te explica cuán doloroso
y delicado va a ser el proceso de curación y de adaptación mental a la
modificación corporal, el riesgo de que se te infecte y termines en el hospital
por antibióticos. Que resultes con una cicatriz terrible, que sientas
arrepentimiento de la marca en tu cuerpo que ya no podrás retirar tan fácil
como la decisión que tomaste. ¿Qué significa para ti? ¿Vale la pena?
Lo más impresionante del proceso
llega cuando te encuentras a solas con el dolor sumado al cambio visual, lo que
ves en el espejo quiebra tu mente y tus imaginarios construidos, ves cómo caen
al vacío, ves tus expectativas frente a la realidad.
Finalmente me pregunto:
¿Quién se encarga de cuidarte? ¿Hay
alguien en quien apoyarte cuando estás a punto de desmayar por el dolor? ¿Las
personas te excluyen por cómo tu apariencia se empieza a transformar? ¿Qué es
lo que quiero gritar, expresar y que todos se enteren?
El tiempo te enseña la importancia
del autocuidado y de cuidar de otros, del peso de las decisiones que tomas y
cómo pueden modificar tu futuro. Cultivar el pensamiento crítico te ayuda a
cuestionar las necesidades innecesarias que te implanta el capitalismo,
invisibilizando el proceso de producción y las terribles consecuencias del
consumo por medio de la explotación de cuerpas.
Lo que comprendí parece básico,
pero es profundamente difícil de aceptar. Nadie quiere hablar del sufrimiento
porque implica hacernos responsables del sentir de otro ser vivo, ni siquiera
nos hacemos cargo del propio. Confundimos el precio de una vida con el valor de
esta. Es más fácil el amor líquido de Bauman, aquel que no lucha por amor sino
que sobrevive por conveniencia, aquel que utiliza la nobleza y el cuidado para
conseguir lo que sea.
Creo que querer ocultar lo que
sentía me llevó a tomar esta decisión. No entendía que la vida toma tiempo. Hay
que construirla. No naces con una identidad definida, ni con nada resuelto.
Debes vivir, amar, estudiar, trabajar y dominar tus debilidades. Pero si hay
algo en mí que no ha cambiado es la compasión. A pesar del dolor, a pesar de
haber logrado sobrellevar los días más duros y conseguir pequeñas victorias,
recordé lo que se siente. Soy profundamente sensible al dolor ajeno. La
compasión es una de mis cualidades que no debo disfrazar.
“Por más tatuajes que tenga mi
piel, nunca lograré ocultar el ser sensible que soy”
Referencias:
Bauman, Z. (2005). Amor líquido: Acerca de la fragilidad
de los vínculos humanos.
Bazterrica, A. (2017). Cadáver exquisito. Alfaguara.

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